
Y no me refiero a la clase política y su clase de políticas -lugar harto común a la hora de citar farsantes-.
Estoy aludiendo a otra estirpe -acaso un poco más agradable- de mentirosos que ejercen su don en la ciudad.
En los últimos tiempos he tenido la oportunidad de conocer a algunos de ellos, en ocasiones en las que para justificar mi desinterés por el trabajo llevaba un grabador conmigo.
De ahí nacen estos párrafos, que intentan subrayar -con dudosa pericia- a nuestros ilustres (tal vez inofensivos) mentirosos urbanos.
Baltasar
Por la zona del Hospital Materno infantil (mi abuela lo nombraba como “Hospital Mar del Plata”) todos conocen a Baltasar; así, a secas. No se sabe si es su nombre o apellido real o si se trata de un apodo que alude a una obra dramática (Gertrudis Gómez de Avellaneda), al regente de Babilonia (destronado por Ciro) o al más “marketinero” de los Reyes Magos.
Lo cierto es que cuando Baltasar aparece (según fuentes callejeras lo hace respetando un patrón de acción vocal; esto es: viene cuando se le canta) se forma un círculo humano a su alrededor, pero sin que él se de cuenta de la convocatoria.
Una mañana presencié la acción: todos disimulan estar ocupados en otros menesteres y poco a poco se integran al variado grupo de oyentes. Taxistas, cafeteros, cuidacoches, vendedores, personal de mantenimiento del hospital, todos actúan con gran maestría sobre la mano par de la calle Castelli.
Mientras hablan entre ellos simulan discusiones sobre fútbol y otros temas y se van acomodando. Lentamente los más hábiles (un taxista y un capataz, ubicados estratégicamente a ambos flancos de Baltasar) van logrando que la conversación se convierta en una rueda de alegres aunque modestas anécdotas domésticas.
Entonces uno (el taxista, que, en rigor, merece –y tiene- su crónica aparte) improvisa una historia un poco más audaz que las de los demás. Suele recurrir a su oficio para referir algo sobre alguna pasajera con posible destino amoroso, y muestra un número de teléfono anotado en un billete de cinco pesos.
Ahí interviene el capataz de mantenimiento –galán maduro, al que le falta el dedo índice de su mano derecha- y cuenta, sin entrar en detalles truculentos, que unas horas después del accidente en la mano, estando ya en el quirófano, le pidió a la enfermera -de la que estaba enamorado desde que ingresó a trabajar al hospital- que le besara el dedo para sanarlo, ya que él creía en el poder de los besos para curarse. Y remata diciendo que su dedo, en cambio, resultó ser ateo.
Las risas envalentonan a Baltasar, que ahora sí se larga a relatar sus historias. De antemano aclara con seriedad que son verídicas, que todo lo que narra le pasó en verdad (me contaron que una vez quiso golpear a alguien que se burló, tratándolo de mentiroso).
Y así, ante el silencio general, Baltasar cuenta que en los tiempos en que vivía en el campo, un día venía a caballo cuando repentinamente una tormenta eléctrica apareció en el cielo. Gracias a una información que escuchó en la radio unos días antes (el locutor decía que el metal atraía a los rayos) pudo reaccionar a tiempo. Vio venir un rayo en dirección a él y sin pensarlo dos veces sacó el facón de su cintura y lo tiró contra un limonero, clavándolo en el tronco, y logrando que el rayo se desviara para impactar contra el árbol.
En la vereda, nadie se rió abiertamente; algunos simularon toser y se cubrieron la cara con una mano. Admito que más que reírme me sorprendí al percibir la seriedad con la que Baltasar hablaba. Me acerqué un poco más a la rueda, para que mi grabador (lo tenía en la mano debajo de un paquete de cigarrillos) captara mejor aquellos testimonios. Y ahí apareció en el relato Zacarías.
“Mi amigo Zacarías era loro –arrancó Baltasar con elocuencia-, pero un señor loro, eh. Nos respetábamos. Nunca nos tuteamos.” El taxista, en este punto, salió corriendo hacia su auto, alegando entre risas contenidas que lo llamaban por la radio. Los demás seguimos escuchando que el loro cantaba el Himno Nacional; que salía un rato a la noche a “tomar fresco al patio”; que sabía los primeros y segundos nombres de los hijos de Baltasar; que era peronista; que aprendió hasta la tabla del dos, y que jamás conoció una jaula porque dormía en el sillón (miraba televisión hasta tarde). El cafetero se agachó para atarse los cordones de las zapatillas, y de costado podía verse como intentaba no hacer sonora la risotada.
Mi estoicismo se quebró cuando Baltasar contó que una noche, de madrugada ya, escuchó ruidos en el fondo de su casa. Preocupado se asomó apenas por la ventana y vio movimientos sospechosos en los arbustos del patio. Tomó con decisión la escopeta y sin prender la luz abrió de golpe la puerta y salió. Afortunadamente –dijo-, oyó una voz familiar que le pedía: “No tire Baltasar, soy yo, Zacarías”.
Me ahogué con el café que estaba tomando.
En la mitad de mi ataque de risa y tos, no pude disimular el grabador cuando cayó sobre mis pies. Baltasar lo vio y bruscamente me interrogó al respecto. En lugar de responder, le pedí permiso para escribir su historia, asegurándole que iba a respetar todos los detalles.
Se negó mientras iba enrojeciendo de furia. Invitado por su cólera creciente, le prometí que jamás la escribiría.
Se negó mientras iba enrojeciendo de furia. Invitado por su cólera creciente, le prometí que jamás la escribiría.
Olvidé decirle que yo también soy uno de los mentirosos urbanos.
20 Comentaron sin empacho:
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Consol
dijo...
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viernes, 18 abril, 2008
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principio de incertidumbre
dijo...
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viernes, 18 abril, 2008
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Martín Aon
dijo...
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viernes, 18 abril, 2008
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Anónimo
dijo...
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viernes, 18 abril, 2008
5
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Erne
dijo...
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domingo, 20 abril, 2008
6
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Martín Aon
dijo...
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domingo, 20 abril, 2008
7
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Comando Mocho
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
8
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Anónimo
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
9
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Martín Aon
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
10
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DudaDesnuda
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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El Gaucho Santillán
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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María
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
13
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eMe
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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Martín Aon
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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Emilio Siciliani
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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eMe
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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ADALBERTO
dijo...
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lunes, 21 abril, 2008
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Martín Aon
dijo...
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martes, 22 abril, 2008
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Irene
dijo...
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lunes, 12 mayo, 2008
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Martín Aon
dijo...
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lunes, 12 mayo, 2008
¿Con dudosa pericia? Perdona pero es un relato escrito con una delicosa maestría.
"Baltasar; así, a secas" y ya estaba enganchada.
Me has hecho reír y sonreir, soñar, pensar y pensarme en otro lugar y con otras gentes.
Gracias Aon por este regalo tan bello que a todos los que te leemos, haces.
yo creo que el hecho que no se tutearan hacía creíble la historia.
Más con: "no tire".
O era verdad o el tipo sabía cómo hacer verosímil algo.
¿no?
Además, a veces no importa que algo haya pasado.
Como en big fish.
Sí, el tío burton nos dejó muchas moralejas.
:)
Gracias Siberia, muy amable por los halagos. Ya le haré llegar el dinero correspondiente.
Lorena, usted dice:"Además, a veces no importa que algo haya pasado."
Para mí eso es como la magia.
No importa si es un truco o un fenómeno misterioso. Si cuando aparece la paloma nos conmueve, yo creo en ese mago.
muy bueno
Muy bueno.
Lo de mentirosos urbanos me gusta.
Creo que yo también soy de esa especie
Mentirosos Urbanos es una serie de breves crónicas como ésta, Blanca.
Las empecé a escribir hace dos años, y ahora las retomé.
Ya iré poniéndo algunas más.
Gracias por leer.
Aon
Aon... no nos diga que pensó que nosotros no íbamos a venir hasta este lugar? Usted y Alejo Salem nos dejaron desocupados.
¿Cuando volvemos?
La encuesta que está haciendo ahí arriba a la derecha está mal planteada porque nos omite.
No se olvide del COMANDO MOCHO. Recuerde que alguien tiene que hacer el trabajo sucio.
PD: Pregúntele a Blanca si quiere que volvamos.
Un fuerte abrazo Martín, ando medio perdido vea, pero no dude que lo vo a espiar de tanto en tanto (vale la pena).
Salú.
Amigo Faivel, es bueno saber de usted.
Ahora, eso de "medio perdido" es hacerse mucho precio, caballero.
Lo espero cuando guste; espíe nomás que es gratis.
Un abrazo.
La mentira no es un vicio más que cuando hace daño. En cambio cuando sirve para ayudar al bien o divertir, es una gran virtud.
Besos mentirosos
Buen relato. Pero este Baltazar, EXISTE! ( y le dicen mosquito, en bloguetia)
Megustò, saludos
buenos, gracias y encantada también. un gusto que me leas y que además, te parezca bueno, siempre es bueno saberlo.
un beso
una tal maría.
"No tire Baltazar, soy Zacarías" es BUENÍIIIIIISIMO!!! JAJAJAJAJA
Yo quiero un loro como ese!!!
Doña Duda tiene toda la razón... sino mire lo que se llama ficción, sin ir más lejos.
Me parece recordar que fue Faivel quien me llevó hasta su blog hace mucho.
Gaucho Santillán, gracias por pasar. Si quiere le presento a Baltasar.
María, cuando algo está bien (o mal) escrito hay que decirlo, no le parece? si no para qué uno pone la opción de los comentarios.
Ahora, hay que tener cierta templanza cuando las opiniones que recibimos son adversas (no es su caso). Gracias por pasar.
eMe, me causó mucha gracias en su blog lo de "139 kg. de pura ternura femenina, con la cintura de Messi".
Con respecto a lo del loro, tengo entendido que viene la gente del zoológico de Cutini a buscarlo a la brevedad.
Martín, es la primera vez que visito tu blog y es muy bueno, sobre todo la mención que hacés a Abelardo Castillo y los relatos de Baltazar y Zacarías.
Un abrazo.
Jjajaja Gracias Martín... es un muy buen mix entre lo que yo digo y lo que me dicen!!!
Vengo de Bloguetia y leí tu blog y es muy bueno el relato de Baltasar y Zacarías. Abelardo Castillo es imperdible.
Emilio, Adalberto, muchas gracias por venirse hasta acá. Son bienvenidos.
Genial lo del "señor loro"..es verdad. Mucha gente titula asi a una mascota "pq se porta bien". Genial como escribis, te leo sin parar.
INCANSABLE IRENE
Este Zacarías es el famoso loro que EmE me reclama que le envíe.
Pare de leer, Irene. se va a perjudicar la vista.
Le agradezco tanto...
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