
26 de enero de 2009
7 de octubre de 2008
17. CAPÍTULO FINAL

al Maestro Julio Alfonso

Al llegar a la terraza del edificio de Ramona, Karina se acercó hasta el borde sin dar señales de vértigo ni miedo. Estábamos unos pisos más abajo en relación a la altura en la que se encontraba Franco, pero podía vérselo bastante bien. Karina le gritó varias veces sin lograr que él mirara hacia nosotros.
-No me da bola. Se nota que es amigo tuyo… – protestó.
Asomándome a la calle pude ver el cordón policial, formado desde la entrada del edificio hasta una camioneta de la policía, estacionada junto a una ambulancia que tenía las luces encendidas.
Traté de coordinar por teléfono lo poco que podíamos hacer. Llamé a Fernando.
-Escuchame, no hay tiempo, tratá de entrar y deciles a los que están a cargo que estuviste investigando y sabés algo. Contalo y remarcá que no querés que “la fuerza” haga un papelón. Capaz que dudan y esperan un poco más hasta confirmarlo. Ahora llamo a tu prima...
5 de octubre de 2008
16. YA SUBEN A BUSCARLO

Rocío bajó de la plataforma de la grúa, junto a su frustración, y vino directo hacia donde estábamos con Fernando y Karina. Acomodaba su pelo, nerviosa, mientras decía:
-Soy una pelotuda, perdoname. Estaba muy lejos, apagué el micrófono y le grité como una loca. Creo que no me escuchó. Le hice gestos para que… ay, perdoname, lo arruiné.
-Apagá eso ya – le dije a Karina, al ver que estaba grabando la conversación.
-Dame el grabador – ordenó Fernando, tirando un manotazo fallido. Karina guardó el aparato.
3 de octubre de 2008
15. LA DESHONRA DE LOS BORGES
Igual que un gigante que se despereza lentamente, la grúa iba subiendo a Rocío. Camarógrafos de todos los medios seguían la escena desde distintas ubicaciones. El silencio de la mayoría de la gente acompañaba el ascenso y, copiando el saludo de un pelotón del ejército -con la periodista izada como el pabellón nacional- todos levantaban sus brazos apuntando con sus celulares hacia arriba. La imagen me impactó.
Desde las ventanas cercanas a las que pasaba Rocío en su trepada mecánica, salían a saludarla. En el tercer piso un nene tiró papelitos picados y el papá agitó un banderín de argentina. En el quinto, una mujer tomaba fotos. A la altura en la que estaba colocada la bandera de publicidad de una inmobiliaria, la grúa se detuvo con brusquedad, previa sacudida de la plataforma, acompañada por un murmullo general...
30 de septiembre de 2008
14. MORBO: FUENTE LABORAL
Que Franco no tuviera disponible el celular complicaba todo aún más. Nos dejaba menos margen para organizar algo. Así que a falta de tiempo y de plan, tuvimos que improvisar a la carrera.Cuando sonó el celular de Rocío, con un llamado del gerente del canal, se me empezó a ocurrir una posible salida.
-Tengo que irme. Mi jefe quiere que le haga la nota ahora. Van a subirme con la grúa. ¿Saben lo que me dijo?
-Que lo hagas llorar, ya nos contaste.
-Si, pero además, que si veo que quiere saltar, que trate de demorarlo hasta la tardecita, por que es el horario de más audiencia.
-Qué pedazo de hijo de puta carnicero sin estómago…
29 de septiembre de 2008
13. ESTAMOS EN EL HORNO

Fernando, el primo policía de Rocío, daba vueltas al tema de sus “novedades” para luego no decir nada en concreto. Quería crear misterio o simplemente se hacía rogar. Finalmente solicitó un café con leche y tres medialunas dulces. Nos acomodamos todos en la mesa más cercana a la barra. Cuando Adalberto trajo el pedido, el Negro manifestó su impaciencia.
-Mirá Flaco: si querés decirnos lo que sabés, dale, bienvenido sea. Si no, tomate el café y andate. Me importa un carajo tu uniforme…
-Calmate Negro, el chico… –hice hincapié en lo de “chico”, porque tendría siete u ocho años menos que nosotros y se lo veía bastante verde para ser policía -…nos quiere dar una mano...
27 de septiembre de 2008
12. MALAS NOTICIAS

¿Y ahora qué hacemos?
-¿Qué decís? ¿estás loca? En cana tienen que ir todos los forros que están haciendo plata con esto, y al loquero hay que mandar a los que vinieron a participar del circo ahí afuera.
-No te enojes conmigo… ¿cómo te llamás?
-Decile Negro nomás –dijo Adalberto.
-Bueno, Negro, yo solo estoy tratando de decirles qué es lo que pasa. Si puedo ayudar en algo me gustaría colaborar. Conozco a mucha gente. Tengo un amigo abogado…
-Claro, el cagador que faltaba…
25 de septiembre de 2008
11. SUBO Y TE EMPUJO

Era cierto: Franco lloraba como un chico…
Se abrió la puerta del baño y entró la periodista (sin micrófono ni camarógrafo). Adalberto se interpuso para no dejarla avanzar pero fue inútil.
-El baño está ocupado, nena. Andá a hacerle notas a los boludos de afuera. – dijo el Negro, secándose unas lágrimas. Yo hasta ahí no había notado que el morocho lloraba también. Me puse nervioso con la presencia de la cronista en un momento tan íntimo y complicado.
-Necesito hablar con Franco. Es importante.
-Andate al carajo vos y tu canal de noticias. Adalberto, sos el dueño del lugar, che, decile que se vaya de una vez por todas...
23 de septiembre de 2008
10. ¿DE QUÉ SE RÍEN?

¿Por qué tardaste tanto en contestar? – fue lo primero que dijo Franco...
-Porque acá todo es un quilombo –respondí de inmediato. Y me arrepentí de haberlo dicho. La fragilidad de Franco era lo que teníamos que contemplar por sobre todo. Coloqué el teléfono sobre la mesada del baño, así hablábamos los tres. Le hice señas al Negro para que se calmara porque lo veía muy nervioso. Levantó el pulgar en señal de haber entendido y acercándose al celular, carraspeó y dijo:
-¿Franco, vos sos loco o sos boludo? ¿qué mierda tenés en la cabeza, pelotudo?...
21 de septiembre de 2008
9. A BRILLAR, MI AMOR

Le dije al Negro que teníamos que irnos al café. “Nos va a llamar Franco” prometí, con más esperanza que certeza. Recién ahí mi amigo desistió de golpear a alguien y me enfiló hacia lo de Adalberto. Hay que decir que sus modales para abrirse paso entre la caterva no fueron de los más elegante, pero sí efectivos; llegamos bastante rápido. La multitud ya ocupaba completamente la vereda del café.
-Los vi en la televisión… – dijo Adalberto, mientras nos daba nuestros celulares, mi cuaderno y la lapicera plateada que llevo conmigo hace años -¿le pegaron a alguno de esos boludos?
19 de septiembre de 2008
8. UNA BOMBA DE TIEMPO


¿Y estos pelotudos? –preguntó el Negro, encarando hacia la puerta de salida del café- …los voy a cagar a trompadas ya.
Lo seguí. Antes de salir le pedía a la carrera a Adalberto que nos guardara lo que teníamos sobre la mesa.
Era increíble ver cómo había cambiado el paisaje afuera en tan poco tiempo. En los balcones ahora los vecinos estaban con reposeras y sillas. La gente en la peatonal se había multiplicado. Me costó seguirle el paso al Negro, que corría hacia donde estaba la mayor concentración de personas. Mientras forcejeaba para poder pasar, un cigarrillo encendido pegó en mi hombro y una escupida monumental cayó sobre la frente de un policía. Levanté la cabeza y vi a dos obreros –pintores - que tomaban mate en un andamio colgado en el edificio lindante con el de Franco. Reían.
Algunas palomas merodeaban el tanque de agua. Desde la acera trepaban los gritos y un rumor permanente que, mezclado con el ruido del mar, componían una confusa banda de sonido.
Franco notó que el volumen de las voces aumentaba cuando él se movía. En realidad, cualquier ademán suyo era acompañado por la más variada gama de exclamaciones, que a veces le llegaban con nitidez...
16 de septiembre de 2008
7. DE SABIONDOS Y SUICIDAS

Afuera, ajenos, los chicos corrían gritando detrás de una pelota de cuero, a la que habían rellenado con trapos y bollos de papel, antes de coserla con hilo amarillo. Cuatro piedras oficiaban de arcos, en una cancha asimétrica que contenía dos árboles, un canasto para la basura, tres canteros, baches, perros y un auto abandonado.
Adentro, el volumen del televisor intentaba acallar al de una radio que, desde alguna casilla vecina, aullaba una cumbia imposible. Del piso brotaba vapor grasoso.
-Mirá gorda, ahí están hablando del chabón este de la terraza del edificio – dijo Ricardo, mientras se pasaba la mano por la boca, a falta de servilleta y delicadeza...
14 de septiembre de 2008
6. TIRATE POR FAVOR

La cobertura en directo a nivel nacional estaba en marcha. Todos los canales trasmitían lo de Franco. Con el Negro dejamos de ver el mensaje en el celular, que tratábamos de desmenuzar una y otra vez, para mirar el móvil en directo. La periodista de nombre Roció (joven y hermosa) con una hoja de papel en la mano, decía:
-“Seguimos en directo para todo el país desde la ciudad de Mar del Plata. Para que la gente se ubique, estamos en la Peatonal San Martín, a dos cuadras de la costanera…”
-La costa, piba, acá es la costa. En Buenos Aires se dice costanera… – se quejó Adalberto de pronto - …estos no saben un carajo.
“…y por lo que pudimos averiguar hasta ahora, quien está ahí arriba es un joven de 28 años llamado Franco. No sabemos el apellido. Se lo puede ver sentado en el borde del edificio, con los pies en el aire. Tiene manchas de sangre en la remera y el rostro, no sabemos la gravedad de las heridas pero suponemos que se las hizo él…”
13 de septiembre de 2008
5. AHORA TE LLAMO
Desperté a punto de ahogarme con el agua que me tiraba el Negro en la cara. Me dolía la nuca. Entre el Negro y Adalberto -amigo nuestro y dueño del café- me sentaron, dándome agua, esta vez para que la tome.
-Qué maricón resultaste…- dijo el Negro, tomando un sorbo de gaseosa, que vomitó ahí mismo.
-Pero si Franquito es un pibe bárbaro, che, qué mierda le pasa… - indagó Adalberto al rato, mientras limpiaba el vómito con un trapo sin hacer una sola mueca de asco. Un amigo.
-No sabemos nada. Se le salió la cadena... – arriesgó el Negro, que no ocultaba sus lágrimas- …me quiero morir.
-Y a vos se te salió el estómago, querido – bromeó...
10 de septiembre de 2008
4. NO PUEDE SER
A Ramona se la llevaron recién entre varios. Tuvo un ataque de nervios que, por supuesto, fue filmado segundo a segundo, hasta en las partes en las que se le abría escandalosamente el batón. La escena estuvo rodeada de gente levantando teléfonos celulares para sacarle fotos. Seguro que después las suben a Internet, mientras Franco sigue allá arriba y nadie lo baja...
7 de septiembre de 2008
3. QUE EMPIECE EL SHOW

El gato emitió un quejido al verla acercarse con una jarra y una cubetera en las manos. Ella avanzó hacia la mesada, en donde tuvo que estirarse hasta la mucheta de la ventana para tomar su planta predilecta. La regó con agua helada y luego colocó los trozos de hielo sobre la tierra, sin que hagan contacto con los tallos. El gato aguardaba que terminara para volver a su cálida siesta. Ramona optó por cambiar la maceta de lugar, ya que la ventana permitía el ingreso directo del sol, preferido por el gato, pero altamente perjudicial para la Violeta de los Alpes, blanco de halagos de las vecinas que la visitaban a menudo. Su habilidad y dedicación en el cuidado de las plantas era solo comparable a su afición y destreza por la cocina vegetariana y el chisme barrial...
6 de septiembre de 2008
2. UN DÍA DE MIERDA

Una oleada de viento repentino ingresó por la ventana, desparramando en su pecho el contenido del cenicero que tenía sobre el abdomen. Maldijo sin pausa el clima de la ciudad (siempre estuvo en desacuerdo con que a Mar del Plata se la llamara “La feliz”).
Dejó el control remoto -que estaba envuelto en distintas cintas adhesivas, producto de reparaciones caseras urgentes- sobre la mesita en la que acababa de cruzar sus pies, y con un quejido se incorporó para ir a cerrar la ventana. El cielo tenía el mismo color que el asfalto de la avenida Luro que, más abajo y hacia la izquierda, aparecía ocupada apenas por algunos colectivos con techo de membrana plateada. Un poco más allá se veía de frente el contorno del continente, en el segmento que ocupan la playa Popular y Punta Iglesias. A la derecha, la peatonal San Martin lucía semi desierta.
4 de septiembre de 2008
1. ÚLTIMO MOMENTO...

Recién llego. Me encontré con las calles del centro cortadas. La policía está vallando todo el sector. Hay gritos, bocinazos y puteadas. Al principio pensé que era el homenaje a Juan Curuchet, que llegó hoy a la ciudad con su Medalla de Oro, pero no es eso. Es ahí arriba, en la punta del edificio, está mi amigo Franco con la remera llena de sangre. Se quiere matar y estos hijos de puta no me dejan pasar. Nadie me ayuda... no sé qué hacer.


